
Sally cuando tenía 12 años tuvo su primera mascota que era un pájaro de colores. Estaba muy emocionada con su pájaro. Siempre que venía de colegio salía al balcón a verle pues allí la estaba esperando cantando. Sally lo observaba y hablaba con él. A menudo lo entraba en casa y le intentaba dar comida con la mano e incluso a veces lo soltaba por el comedor. Ella siempre quiso tener una mascota amaestrada.
Un día Sally llegaba del colegio con la alegría de cualquier niña de 12 años, pero su madre le tenía que contar algo muy triste para la pequeña Sally; su pájaro de colores había muerto.
Sally no lo podía creer, aquella criatura tan pequeña a la cual iba a visitar todas las tardes cuando llegaba a casa, y pasaba horas delante de él, no le volvería a ver. Posiblemente hayan miles como él, pero ya no sería su pequeño pájaro de colores. Era todo tan abstracto, no se creía del todo que aquella criatura que tenía ya no la volvería a ver, ya no le escucharía pilar, ni ya nunca más le intentaría amaestrar, pues se fue, se fue para siempre, no era como si se hubiese escapado de la jaula, porque Sally hubiera tenido una pequeña esperanza de que regresase, no, se había ido para siempre.
Y este fue el primer contacto con la muerte para Sally, la muerte de su mascota. Lloró, lloró como si el mundo fuera a acabarse, pero sólo lloró ese día. Lo que no sabía entonces, es cuánto algún día lloraría por la muerte de otro ser, y no sería un día ni dos, sería toda su vida.
Ka.
1 comentario:
Esto merece un ultimate maximun me gusta :'). Y lo que tampoco sabia la pequeña Sally esque un dia, no muy lejano podrá volver a sonreir
love ya (L)
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